viernes, 5 de enero de 2018

Trescientas sesenta y cinco palabras para 2017

La verdad, no sé si tendré tantas…
Empecemos por el final, para variar. Gracias 2017, gracias por haber terminado ya.
Gracias por hacerme descubrir que me gusta cuidar y pasar tiempo con mi madre.
Gracias por hacerme ver que tengo un buen trabajo, que si el trabajo en sí no es lo que yo quería en mi vida, la empresa, las condiciones, el jefe y los compañeros compensan y de sobra, y por fin me encuentro a gusto trabajando aquí.
Gracias por los compañeros de trabajo que han pasado a ser amigos.
Gracias por los amigos que siguen ahí.
Gracias por la familia, la que me tocó, la que he elegido y la que me ha elegido a mí.
Gracias por mi amor incondicional.
Gracias por los viajes, por las películas, por las tardes en el roco, por las carreras, por las tardes de sofá también. Gracias por lo amaneceres y atardeceres, por esas fotos de instagram.
Gracias por dejarme seguir aprendiendo, y este año que ha entrado, más.
Gracias por un año que me ha hecho madurar, y despedirme de él con los treintaytodos.
Ahora que te has ido llévate todo lo malo. Llévate sobre todo la enfermedad, la decadencia, llévate los malos rollos, los malos augurios, los malos espíritus y sobre todo, a la mala gente.
Llévate los llantos, los de impotencia, los de rabia, los de cansancio.
Llévate el cansancio y el dolor. Llévate el miedo y los sustos. Llévate las cosas que no pudieron ser porque no era el momento, quizás el año nuevo las traiga.
Llévate los enfados, los míos y los de los demás, llévate el estrés, los agobios, y la sensación de no poder hacer nada para cambiar o solucionar las cosas.
Vete, y llévate todo lo que me hizo mal.
Y para este 2018 deja más viajes, quizás Maldivas, viajes grandes y pequeños, quizás en una furgo. Déjame ratitos para seguir disfrutando de mi madre, de mis amigos, de mi amor, de mi familia, y de mí. De mis momentos de soledad que tanto me gustan.

Deja en este 2018 “salud y pesetas que lo demás son puñetas”, y valga la redundacia… 2017. Vete a hacer puñetas.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Trescientas sesenta y cinco palabras para 2016

Bueno, qué puedo decir en 365 palabras sobre 2016… que mejor que se termine cuando antes.
No ha sido un buen año. El único hecho remarcable que podría clasificarse como bueno es que me internalizaron en el trabajo. Pero es una trampa. ¿Saldré de allí alguna vez? ¿Volveré a trabajar en lo que me gusta? Cada vez lo veo más lejos. He vuelto a estancarme, pero ahora encima en algo que “no es lo mío”.
También fue una buena notica el alta definitiva de la unidad de ginecología, en teoría. Siempre tendré esa espada de Damocles sobre mi cabeza, da igual que ahora las revisiones sean en el centro de día en lugar de en el Hospital.
Belén, Ana, cumplieron su sueño de ser madres, Teresa está todavía en ello, que llegue en 2017 es una de mis ilusiones. Me alegro por los que llegaron, esperamos a los que llegarán.
En serio 2016, termina, vete y no vuelvas, vete con tus enfermedades, con tu decadencia, con tu pasar de días de puntillas sin ton ni son. Con tus días grises y los rojos.
En 2016 cumplimos el primer año de casados, ningún cambio, y eso está bien. Él es la única cosa imperturbable en mi vida que quiero que siga así.
Menos viajes de los que me gustaría, menos sorpresas y novedades, de las buenas (lesson learned). Más tranquilidad, más rutina (de la buena y de la mala).
2016 no ha sido un buen año, creo que los pares no se me dan bien, por suerte el año que viene es impar.
Me está costando completar estas 365 palabras, tan poco es el aprecio y lo que quiero decir sobre este año.
Por eso voy a comenzar a hablar del que viene y lo que le pido. Le pido valor, para mí, para perseguir mis sueños, para mi gente, para que puedan ser consecuentes con ellos mismos.
Le pido volver a trabajar en la industria cinematográfica, y si, lo sé, algo tendré que poner de mi parte, pero necesito un empujón, una señal, un “lo que sea”.

Y en realidad, a pesar de mis quejas, le pido seguir siendo feliz como en el 2016.

jueves, 7 de enero de 2016

Trescientas sesenta y cinco palabras para 2015


El 2015 ha sido un gran año, eso no lo puedo negar,
aunque ha tenido un regusto agridulce que no puedo remediar.
¡Nos casamos! Aunque para nosotros no fue más que una firma en un papel
celebramos con familia y amigos y nos lo pasamos súper bien.
Ya me he cansado de rimar, como broma tiene su aquél pero…
Siguiendo con mi año, lo más importante fue lo que vino después y no sólo por el viaje, sino por volver a descubrir a su lado que soy capaz de cualquier cosa que me proponga, como subirme a la cima del Half Dome (cosa que quedará en mi piel en el 2016, para tenerlo presente siempre que tenga dudas) y eso vale más que mil bodas y mil lunas de miel, y mil navidades juntos.
El mal trago, como siempre ha sido por culpa del cine, primero por cerrar puertas, y luego por vivir la locura de Star Wars desde fuera, y mi yo interior porfiando porque sé que debería estar viviéndolo desde dentro. Y por la salud, que tras dos revisiones buenas, mi amigo parece que ha vuelto a aparecer… habrá que esperar a 2016 por los resultados.
En el trabajo altibajos, lo seguimos teniendo que ya es mucho, y hemos cumplido tres años allí. La sensación de preferir estar enferma que ir a trabajar ha desaparecido, la sensación de que no pertenezco allí, no.
Cada vez es más difícil llenar este resumen del año, la vida va pasando y sus zarandeos no dejan marca, lo que pasa en un año se diluye.
El 2016 viene cargado de barrigas, Ana, Belén e Irene traerán nuevos sobrinitos postizos. Tere conseguirá su hogar. Let conseguirá su sueño, y Jose conseguirá su paz interior. Lo de estos dos últimos no lo sé, pero es lo que espero para ellos. Y Almudena un trabajo estable ahora que eso de la recuperación está de moda…
Hace tiempo a los Reyes Magos les pedía cada año un novio, cuando apareció Gabi pasé a pedirles un hogar, ahora me redundo en pedir un trabajo que me apasione, relacionado con el cine. Y salud, que eso desaparezca ya de una vez.
Bienvenido 2016.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Trescientas seseta y cinco palabras para 2014


Ya te vas “mi querido 2014”, y me alegro, no puedo decir que haya sido uno de los mejores años de mi vida, más bien está entre los peores, con sus cosas buenas.
Cosas buenas como llegar a casa cabreada y asqueada y sonreír al verle, sólo eso me hace falta, una sonrisa suya. Y acostarme con él cada noche, y amanecer a su lado cada mañana.

Cosas buenas como seguir con el running, como pasar de tener compañeros de trabajo a tener nuevos amigos, como reencontrar tiempo para quienes siempre han estado ahí, aunque sea poco, aunque sea “de Pascuas a ramos”, pero tiempo de calidad, en el que recuerdas tiempos pasados , y te ríes, y sonríes, como disfrutar de muchos pequeños monstruos nuevos, y de enorgullecerme de mis monstruos.
Como apuntarme a cosas que me hacen crecer, como seguir aprendiendo y haciendo lo que me gusta, aunque sea a título personal, como planear ese día en el que diremos ante un señor o señora lo que nos decimos a la cara con la mirada todos los días, no para que sea más real, que ya lo es, sino que conste en acta, y de paso, planear con él ese mega-viaje…
Lo demás lo borramos, las operaciones, los baches, el trabajo, el estrés, las lágrimas reprimidas y las que salieron a relucir, las canas…
Me está costando escribir este resumen del 2014 porque no quiero pensar más en él. Dos añitos en el infierno laboral (y no me refiero al paro) y con la salud trastocada pero con la parte personal compensándolo todo, o casi, porque la espinita sigue ahí.
¿Y para el 2015? Para el 2015 nos espera el viaje, perdón, la boda. Una vida a su lado para la que no hacen falta firmas en papeles. Y por pedir… volver a emocionarme con el curro, ya sé que sueno repetitiva, pero eso de preferir tener gastroenteritis antes que ir a trabajar es muy duro…
Pero no quiero dejar el 2014 con quejas y tristezas, prefiero volver a las cosas buenas y mecerme en ellas, prefiero cerrar esto pensando en lo afortunada que soy, por más que a veces reniegue de ello…

martes, 24 de diciembre de 2013

Trescientas sesenta y cinco palabras para 2013

El año comenzó mal, teniendo que acostumbrarme a un nuevo trabajo, nuevos compañeros, largos trayectos, atascos, y con un trabajo aún por definir que hacía que el tiempo pasase lento, y para nada relacionado con el mundo del cine para rematar. Tras la baja por maternidad llegó la ampliación hasta final de año, y supongo que de momento seguiremos. Me voy acostumbrando, es cierto que nada tiene que ver con el cine, pero es marketing online y estoy aprendiendo muchísimo. La casa, tras mucho trabajo, los desastres cotidianos de una pequeña obra y mil visitas al Leroy Merlin, el 27 de abril me mudé con Gabi, llevamos medio año viviendo juntos y todo va genial en ese aspecto. Estas serán las primeras Navidades que pasemos juntos, en nuestra casa. Las respuestas que pedía respecto a lo que pasó en Kinépolis, no las he recibido. Todo lo relacionado con ese tema es muy raro. Necesitaban a alguien mejor, pero a quien contrataron no lo era, y ahora no hay nadie cubriendo ese puesto que era “tan importante”. Me llamaron para colaborar en el nuevo proyecto de playground, y luego se echaron atrás… Kinépolis ese extraño mundo… ahora han llamado a mi sobrina. Muchos bebes me rodean… dos sobrinos políticos, Vanesa con Bruno e Inés, Irene e Iria, Leticia y Óliver, ¿Qué si oigo la llamada? No, quizá sólo cuando veo a Gabi con Rodrigo y pienso en cómo sería con su propio hijo. Este año hablamos de boda, más por el viaje que por otra cosa, hablamos, pero y, error, lo comunicamos… no creo que haya boda el año que viene, me da igual, no la necesito, de hecho, pensar en ello es algo que me agobia, creo que a Gabi también, por eso lo dejamos pasar. Me han descubierto vph, supongo que desde que Gabi tuvo el condiloma siempre ha estado ahí, latente, esperando, y ahora ha salido. Esto ha sido hace poco, todavía tengo que hacerme pruebas. Dios, mirar internet es un infierno, hay tanto desconocimiento, tanto mito, tanto miedo… y yo no voy a dejarme vencer por él. Este ha sido el año del comienzo de mi nueva vida. Y 2014, ¿qué traerá?.

martes, 25 de diciembre de 2012

Trescientas sesenta y cinco palabras para el 2012

Al releer lo que escribí el año pasado me dan ganas de haberme quedado callada, porque pedí que el 2012 me sorprendiera, y ¡vaya si lo ha hecho!

El 2012 es el año maya y dicen que más que el fin del mundo supone el fin de un era. Mi “momento” maya llegó el 1 de noviembre de 2012 cuando me enteré de que me despedían de Kinépolis. Y mi mundo se cayó y rompió.

Ya se había tambaleado este año, cuando, operar a mi madre se había convertido en algo ineludible, y pasamos un mes de junio de hospitales, tensas esperas y duras recuperaciones en julio.  La operación fue bien, y poco a poco todo ha vuelto a su cauce, aunque no del todo, nunca lo hará, y cada año todo será un poco más difícil.

A pesar de que las casas comenzaron a materializarse, nosotros decidimos no esperar más, algo nos llevó a fijar nuestra mirada en otra casa…¡y comprarla! El 26 de noviembre, tras largas esperas y retrasos, nos convertimos en propietarios.

Así pues el 2012 es más bien agridulce, operaron a mi madre, pero todo salió bien, me han despedido, pero he encontrado trabajo en menos de un mes (aunque no está relacionado con el mundo del cine y es una baja por maternidad, además no me convence mucho, supongo que será cuestión de acostumbrarse…), me he comprado una casa y mi vida evoluciona, aunque no en todas las direcciones que me gustaría.

Supongo que mi regalo para los Reyes Magos, ahora que tengo alguien en mi vida y que nos hemos comprado una casa, es volver a trabajar en algo que me guste (yo por mi, pediría volver a trabajar en el Kinépolis, pero eso sí que es imposible…)

¿Y para el 2013? Independizarme, dar la bienvenida al mundo a los bebes de Let y de Irene, aprender a que me guste mi trabajo o encontrar uno que me guste, esto tiene telita… dejar de preguntarme porqué pasó lo que pasó… no sentir culpa por dejar a mi mami sola en casa… seguir aprendiendo de la vida, y sobre todo aprender a especificar, las sorpresas tienen que ser buenas, gracias.


domingo, 8 de enero de 2012

Trescientas sesenta y cinco palabras para el 2011

Estas palabras van a ser difíciles… este 2011 ha sido algo raro, muchas bodas y sones de independencia, niños! pero no para mí. Las casas siguen paradas, y no parece que quieran empezarlas, y eso es algo que quema, que cansa, que desgasta, empiezas a plantearte otras situaciones, otras vidas… otras cosas, o casas... Hasta dos ramos de novia me cayeron estre año, ¿señal del algo? Más bien de las ganas que los demás tienen de que me case…
En el trabajo todo va bien, asentada en mi nuevo puesto, digital marketing, web content and social media… suena muy raro pero viene a ser la web, las redes sociales y los mailings. Eso si, es algo que me gusta y además este año ha supuesto todo un reto personal porque vamos a cambiar la web.
Mi gente sigue ahí, todos, por supuesto Gaby, un año más en nuestro permanente estado en las nubes… Let, recién casada y con ganas de ser mami, y Vane que lo ha sido. Teresa me preocupa… pero estaremos ahí como lo hemos estado siempre.
Y mi familia, mi madre poco a poco, la enfermedad avanza y nosotros nos pegamos con viento y marea por frenarla…
En mi pequeño mundo poco se ha tambaleado este año, aunque algunas cosas hayan cambiado, he conocido el estress laboral y a cambio también he conocido el orgullo laboral.
El mini sigue bien, algún gilipollas lo ha rayado, me robaron las carcasas de los retros… el pobre, lleva mala vida en mi barrio, sin un parking que le proteja… Este año ha pasado su primera revisión ahora a finales, se me hace mayor…
Y para el año que viene… no sé ni qué pedir… ¿un aumento de sueldo? Imposible con la crisis, ¿Qué comiencen las casas? Casi prefiero que no, casi mejor voy a pedir que al menos 80 personas de la parcela R-04 se den de baja, así la tendremos antes… o puestos a pedir que me toque la lotería y comprarla a tocateja. Que el tiempo pare o que pase más rápido, depende del momento y de para quién. Que nada cambie y que cambie todo.
Al 2012, le pido que me sorprenda.