Al releer lo que escribí el año pasado me dan ganas de
haberme quedado callada, porque pedí que el 2012 me sorprendiera, y ¡vaya si lo
ha hecho!
El 2012 es el año maya y dicen que más que el fin del mundo
supone el fin de un era. Mi “momento” maya llegó el 1 de noviembre de 2012
cuando me enteré de que me despedían de Kinépolis. Y mi mundo se cayó y rompió.
Ya se había tambaleado este año, cuando, operar a mi madre
se había convertido en algo ineludible, y pasamos un mes de junio de
hospitales, tensas esperas y duras recuperaciones en julio. La operación fue bien, y poco a poco
todo ha vuelto a su cauce, aunque no del todo, nunca lo hará, y cada año todo
será un poco más difícil.
A pesar de que las casas comenzaron a materializarse,
nosotros decidimos no esperar más, algo nos llevó a fijar nuestra mirada en
otra casa…¡y comprarla! El 26 de noviembre, tras largas esperas y retrasos, nos
convertimos en propietarios.
Así pues el 2012 es más bien agridulce, operaron a mi madre,
pero todo salió bien, me han despedido, pero he encontrado trabajo en menos de
un mes (aunque no está relacionado con el mundo del cine y es una baja por
maternidad, además no me convence mucho, supongo que será cuestión de
acostumbrarse…), me he comprado una casa y mi vida evoluciona, aunque no en
todas las direcciones que me gustaría.
Supongo que mi regalo para los Reyes Magos, ahora que tengo
alguien en mi vida y que nos hemos comprado una casa, es volver a trabajar en
algo que me guste (yo por mi, pediría volver a trabajar en el Kinépolis, pero
eso sí que es imposible…)
¿Y para el 2013? Independizarme, dar la bienvenida al mundo
a los bebes de Let y de Irene, aprender a que me guste mi trabajo o encontrar
uno que me guste, esto tiene telita… dejar de preguntarme porqué pasó lo que
pasó… no sentir culpa por dejar a mi mami sola en casa… seguir aprendiendo de
la vida, y sobre todo aprender a especificar, las sorpresas tienen que ser buenas,
gracias.
