Bueno, qué puedo decir en 365 palabras sobre 2016… que mejor
que se termine cuando antes.
No ha sido un buen año. El único hecho remarcable que podría
clasificarse como bueno es que me internalizaron en el trabajo. Pero es una
trampa. ¿Saldré de allí alguna vez? ¿Volveré a trabajar en lo que me gusta?
Cada vez lo veo más lejos. He vuelto a estancarme, pero ahora encima en algo
que “no es lo mío”.
También fue una buena notica el alta definitiva de la unidad
de ginecología, en teoría. Siempre tendré esa espada de Damocles sobre mi
cabeza, da igual que ahora las revisiones sean en el centro de día en lugar de
en el Hospital.
Belén, Ana, cumplieron su sueño de ser madres, Teresa está
todavía en ello, que llegue en 2017 es una de mis ilusiones. Me alegro por los
que llegaron, esperamos a los que llegarán.
En serio 2016, termina, vete y no vuelvas, vete con tus
enfermedades, con tu decadencia, con tu pasar de días de puntillas sin ton ni
son. Con tus días grises y los rojos.
En 2016 cumplimos el primer año de casados, ningún cambio, y
eso está bien. Él es la única cosa imperturbable en mi vida que quiero que siga
así.
Menos viajes de los que me gustaría, menos sorpresas y
novedades, de las buenas (lesson learned). Más tranquilidad, más rutina (de la
buena y de la mala).
2016 no ha sido un buen año, creo que los pares no se me dan
bien, por suerte el año que viene es impar.
Me está costando completar estas 365 palabras, tan poco es
el aprecio y lo que quiero decir sobre este año.
Por eso voy a comenzar a hablar del que viene y lo que le
pido. Le pido valor, para mí, para perseguir mis sueños, para mi gente, para
que puedan ser consecuentes con ellos mismos.
Le pido volver a trabajar en la industria cinematográfica, y
si, lo sé, algo tendré que poner de mi parte, pero necesito un empujón, una
señal, un “lo que sea”.
Y en realidad, a pesar de mis quejas, le pido seguir siendo
feliz como en el 2016.
