La verdad, no sé si tendré tantas…
Empecemos por el final, para variar. Gracias 2017, gracias
por haber terminado ya.
Gracias por hacerme descubrir que me gusta cuidar y pasar
tiempo con mi madre.
Gracias por hacerme ver que tengo un buen trabajo, que si el
trabajo en sí no es lo que yo quería en mi vida, la empresa, las condiciones,
el jefe y los compañeros compensan y de sobra, y por fin me encuentro a gusto
trabajando aquí.
Gracias por los compañeros de trabajo que han pasado a ser
amigos.
Gracias por los amigos que siguen ahí.
Gracias por la familia, la que me tocó, la que he elegido y
la que me ha elegido a mí.
Gracias por mi amor incondicional.
Gracias por los viajes, por las películas, por las tardes en
el roco, por las carreras, por las tardes de sofá también. Gracias por lo
amaneceres y atardeceres, por esas fotos de instagram.
Gracias por dejarme seguir aprendiendo, y este año que ha
entrado, más.
Gracias por un año que me ha hecho madurar, y despedirme de
él con los treintaytodos.
Ahora que te has ido llévate todo lo malo. Llévate sobre
todo la enfermedad, la decadencia, llévate los malos rollos, los malos
augurios, los malos espíritus y sobre todo, a la mala gente.
Llévate los llantos, los de impotencia, los de rabia, los de
cansancio.
Llévate el cansancio y el dolor. Llévate el miedo y los
sustos. Llévate las cosas que no pudieron ser porque no era el momento, quizás
el año nuevo las traiga.
Llévate los enfados, los míos y los de los demás, llévate el
estrés, los agobios, y la sensación de no poder hacer nada para cambiar o
solucionar las cosas.
Vete, y llévate todo lo que me hizo mal.
Y para este 2018 deja más viajes, quizás Maldivas, viajes
grandes y pequeños, quizás en una furgo. Déjame ratitos para seguir disfrutando
de mi madre, de mis amigos, de mi amor, de mi familia, y de mí. De mis momentos
de soledad que tanto me gustan.
Deja en este 2018 “salud y pesetas que lo demás son puñetas”,
y valga la redundacia… 2017. Vete a hacer puñetas.
