jueves, 29 de diciembre de 2016

Trescientas sesenta y cinco palabras para 2016

Bueno, qué puedo decir en 365 palabras sobre 2016… que mejor que se termine cuando antes.
No ha sido un buen año. El único hecho remarcable que podría clasificarse como bueno es que me internalizaron en el trabajo. Pero es una trampa. ¿Saldré de allí alguna vez? ¿Volveré a trabajar en lo que me gusta? Cada vez lo veo más lejos. He vuelto a estancarme, pero ahora encima en algo que “no es lo mío”.
También fue una buena notica el alta definitiva de la unidad de ginecología, en teoría. Siempre tendré esa espada de Damocles sobre mi cabeza, da igual que ahora las revisiones sean en el centro de día en lugar de en el Hospital.
Belén, Ana, cumplieron su sueño de ser madres, Teresa está todavía en ello, que llegue en 2017 es una de mis ilusiones. Me alegro por los que llegaron, esperamos a los que llegarán.
En serio 2016, termina, vete y no vuelvas, vete con tus enfermedades, con tu decadencia, con tu pasar de días de puntillas sin ton ni son. Con tus días grises y los rojos.
En 2016 cumplimos el primer año de casados, ningún cambio, y eso está bien. Él es la única cosa imperturbable en mi vida que quiero que siga así.
Menos viajes de los que me gustaría, menos sorpresas y novedades, de las buenas (lesson learned). Más tranquilidad, más rutina (de la buena y de la mala).
2016 no ha sido un buen año, creo que los pares no se me dan bien, por suerte el año que viene es impar.
Me está costando completar estas 365 palabras, tan poco es el aprecio y lo que quiero decir sobre este año.
Por eso voy a comenzar a hablar del que viene y lo que le pido. Le pido valor, para mí, para perseguir mis sueños, para mi gente, para que puedan ser consecuentes con ellos mismos.
Le pido volver a trabajar en la industria cinematográfica, y si, lo sé, algo tendré que poner de mi parte, pero necesito un empujón, una señal, un “lo que sea”.

Y en realidad, a pesar de mis quejas, le pido seguir siendo feliz como en el 2016.

jueves, 7 de enero de 2016

Trescientas sesenta y cinco palabras para 2015


El 2015 ha sido un gran año, eso no lo puedo negar,
aunque ha tenido un regusto agridulce que no puedo remediar.
¡Nos casamos! Aunque para nosotros no fue más que una firma en un papel
celebramos con familia y amigos y nos lo pasamos súper bien.
Ya me he cansado de rimar, como broma tiene su aquél pero…
Siguiendo con mi año, lo más importante fue lo que vino después y no sólo por el viaje, sino por volver a descubrir a su lado que soy capaz de cualquier cosa que me proponga, como subirme a la cima del Half Dome (cosa que quedará en mi piel en el 2016, para tenerlo presente siempre que tenga dudas) y eso vale más que mil bodas y mil lunas de miel, y mil navidades juntos.
El mal trago, como siempre ha sido por culpa del cine, primero por cerrar puertas, y luego por vivir la locura de Star Wars desde fuera, y mi yo interior porfiando porque sé que debería estar viviéndolo desde dentro. Y por la salud, que tras dos revisiones buenas, mi amigo parece que ha vuelto a aparecer… habrá que esperar a 2016 por los resultados.
En el trabajo altibajos, lo seguimos teniendo que ya es mucho, y hemos cumplido tres años allí. La sensación de preferir estar enferma que ir a trabajar ha desaparecido, la sensación de que no pertenezco allí, no.
Cada vez es más difícil llenar este resumen del año, la vida va pasando y sus zarandeos no dejan marca, lo que pasa en un año se diluye.
El 2016 viene cargado de barrigas, Ana, Belén e Irene traerán nuevos sobrinitos postizos. Tere conseguirá su hogar. Let conseguirá su sueño, y Jose conseguirá su paz interior. Lo de estos dos últimos no lo sé, pero es lo que espero para ellos. Y Almudena un trabajo estable ahora que eso de la recuperación está de moda…
Hace tiempo a los Reyes Magos les pedía cada año un novio, cuando apareció Gabi pasé a pedirles un hogar, ahora me redundo en pedir un trabajo que me apasione, relacionado con el cine. Y salud, que eso desaparezca ya de una vez.
Bienvenido 2016.